El título del diario no es porque Brunei sea un país barato, todo lo contrario, de hecho la mayoría de los mochileros lo suelen saltar, por dos razones principales: está prohibido consumir alcohol en público y los precios son más del doble de Malasia, y en el caso del alojamiento la cosa se pone todavía peor.

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Había decidido no ir a Brunei, ya que volé directamente de Gunung Mulu, Sarawak, a Kota Kinabalu, Sabah, pero el “demonio de los visados”, como yo le llamo, me jugó una mala pasada que os contaré al final del diario.

El sultanato de Brunei pertenece a la misma dinastía desde el siglo XIV; el sultán actual subió al poder en 1967, con 22 años, y es la cabeza del estado y del gobierno.

El sultán Muda Hassanal Bolkiak (en realidad su nombre completo tiene más de 30 palabras) está asistido por un Consejo privado, un Consejo de Ministros y un Consejo legislativo de 20 miembros.

El monarca cuenta con una fortuna que alcanza los 30.000 millones de euros, una de las riquezas personales más grandes del mundo. Como le gustan las excentricidades cuenta con un palacio más grande que el Vaticano y una colección de más de cinco mil vehículos de lujo (entre ellos 165 Roll Royce).

El palacio del sultán tiene una superficie de 202.000 metros cuadrados; consta de 1.788 habitaciones y salones y el comedor puede acoger a 4.000 personas; tiene 18 ascensores, 257 cuartos de baño y un garaje para 300 coches. Para sus viajes al extranjero el sultán puede elegir entre dos Boeing (727 y 757) y un Airbus A-310.

Como país independiente, Brunei existe desde 1984, ya que hasta entonces era protectorado británico, y el camino a la democracia ha sido lento y con varios retrocesos, ya que aunque en Septiembre de 2004 se reinstauró el parlamento, los 2 partidos políticos autorizados tienen muy poca libertad de movimientos.

En agosto de 1998 el sultán nombró a su hijo mayor, Al-Muhtadee Billah, como sucesor de la dinastía musulmana más antigua de la región, con más de seis siglos de historia.

Algunos episodios negros de su historia reciente fueron la financiación en 1987 de la contra nicaragüense con 10 millones de dólares USA desde una cuenta bancaria suiza del sultán, a petición del coronel norteamericano Oliver North, y en 2000 el procesamiento del hermano menor del sultán, el príncipe Jefri, por malversación de fondos públicos durante su gestión como ministro de Finanzas hasta 1998.

Jefri fue obligado a declarar la bancarrota de su empresa privada a la que había derivado, durante los 10 años de su gestión, grandes reservas de dinero del Estado. Un año después del procesamiento, se llevó a cabo una gran subasta en la que se pusieron a la venta alrededor de 10.000 objetos pertenecientes al príncipe.

¿En que se había gastado ese dinero?. Más o menos 2.000 millones de euros en “juguetes”, incluyendo 17 aviones, 2.000 automóviles, y un enorme yate al que llamó “Tits” [Tetas], con sus dos botes salvavidas llamados “Nipple 1” y “Nipple 2” [Pezón 1 y 2]; ¡ se lo pasaba “teta”, el príncipe !.

También fue acusado de ‘trata de blancas’ por Miss Estados Unidos 1993, invitada a palacio durante un mes, y que declaró que los 100.000 dólares que le pagaron incluyeron su participación obligatoria en orgías. ¿A qué pensaba que iba, a desfilar en bañador?.

La realidad es que el dinero del petróleo le tapa la boca a la mayoría de la gente en Brunei, ya que la educación, la sanidad y un sueldo mensual aunque no trabajes están garantizados a todos los ciudadanos de Brunei. Se espera que el petróleo se agote sobre el 2020, y lo que va a ser de Brunei a partir de entonces nadie lo sabe.

A mediados de 1992, Brunei ingresó al Movimiento de Países No Alineados, junto con Vietnam e India. En setiembre de ese año, Brunei firmó con los otros miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) -Indonesia, Singapur, Tailandia, Malasia y Filipinas- un acuerdo para crear el primer mercado común de Asia en 2007, en un intento de formar un bloque económico que pueda competir con la UE y USA.

En 2002 Brunei tenía una población de 308.000 habitantes. Mas del 50% de la población pertenece al grupo malayo, de religión musulmana, y existe una minoría del 20% de origen chino. Las minorías china e india se quejan de que son ciudadanos de segunda categoría en Brunei, la misma critica que he oído en Malasia en boca de chinos e indios.

Tuve que ir a Brunei porque el visado de 30 días que me dieron al entrar en Malasia vencía y todavía me faltan muchas cosas por hacer en Borneo, como recorrer el río Kinabatangan en busca de fauna salvaje, y comprobar si lo que dijo el comandante Cousteau, uno de mis héroes, sobre Sipadan sigue siendo cierto, ya que la puso entre los cinco mejores lugares del mundo para bucear.

Pensé que no habría problema para extender la visa en KK, y para ello me presenté a las 8h30 a.m. en la correspondiente oficina.

Rodeado de indonesios, filipinos y malayos a los que les sacaba la cabeza (y yo no soy alto precisamente), fui recorriendo las diferentes colas, la primera para saber en qué cola ponerme, la segunda para coger los impresos, la tercera para presentarlos, la cuarta para volverlos a presentar porque siempre te falta uno, la quinta para recoger un papel que decía que había solicitado el visado, la sexta para recoger el pasaporte, que no acababa de aparecer, y todas estas colas sirvieron para que a las 16h30 llegara un oficial que me dijo que no podían ampliarme la visa porque era de turismo, que fuera a Brunei.

Me dieron ganas de estrangularlo, ya que si perdí todo el día en la oficina era precisamente para no ir a Brunei, y para decirme lo que me dijeron no necesitaban 8 horas, pero con la burocracia sólo hay un remedio: “ajo y agua”, vamos, a joderse y aguantarse.

La gente amenizaba las horas de espera con los culebrones, incluído uno mexicano, “Luna, la heredera”, y yo miraba una ventana abierta para paliar el calor en la oficina, por la que se iban volando papeles con las ráfagas de viento. Eso sí, los ordenadores eran de última generación, con pantallas planas.

Así que temprano al día siguiente fui al terminal de ferries, donde tomé primero uno de 3 horas a la isla Pulau Labuan, puerto franco y lugar de turismo de lujo, y luego otro a Brunei de una hora más, y al llegar, tal y como salí de la aduana di la vuelta y esperé al siguiente ferry, que me dejó de nuevo en Pulau Labuan a una hora en la que ya no podía conectar con el ferry a KK.

Me encantan los barcos, pero no este tipo, ya que no tienen cubierta exterior, las ventanas son muy pequeñas, vas en una nevera porque ponen el A/C a tope, y tienes que sufrir una variedad de emisiones que van desde karaoke hasta películas de kárate, pasando por películas de Hollywood con subtítulos en chino y malayo, que ocupan la mitad de la pantalla.

La ironía del asunto es que, ahora que no la necesitaba, me dieron 3 meses de visado turístico al regresar a Malasia. Paciencia budista, resignación hinduista y fatalismo taoista combinados me hicieron esbozar una sonrisa por el día y los 40 euros perdidos.

Me consolé cenando en un restaurante indio, que emitía todo el tiempo videos de lucha americana, pero al menos la comida estaba buena, y regresé a la mañana siguiente a tomar un Roti Canai, pan indio tipo Naan. Al menos a las 7 a.m. tenían puestas las noticias.

Si quieres viajar a Brunei, visita embajadas on-line para saber donde está la embajada más cercana.

Para saber más sobre Brunei, visita la web de  la información de la CIA sobre Brunei, Brunei en Lonely Planet, en inglés, y el artículo sobre Brunei en Wikipedia en español.

Si quieres ver todas las fotos del viaje de Vagamundos 2006 de 6 meses por Tailandia, Malasia y Borneo, Brunei, Indonesia y Singapur, haz clic aquí .

¡¡ Hasta Pronto !!

Carlos, desde Kota Kinabalu, Borneo, 12 de febrero de 2006