El Sabor de Venezuela

Iglesia de Choroní

Iglesia de Choroní

Después de unos días en Caracas en los que fui literalmente devorado por los mosquitos (es irónico que pudiera dormir en el Amazonas en una hamaca sin problemas con los insectos y en Caracas me vi obligado a poner una mosquitera en la cama), fui a recorrer varios lugares costeros, ya que por falta de tiempo tuve que elegir dejar el interior, la sabana, las montañas y los parques de Venezuela para otro viaje.

Choroní. No hacen mucho caso a los carteles

Choroní. No hacen mucho caso a los carteles

Uno de los sitios que os recomiendo es Choroní, fundado en 1616, que todavía conserva arquitectura colonial alrededor de la Plaza Bolívar, sobre todo la Iglesia de Santa Clara de Asís.

Se llega por una estrecha carretera de montaña atravesando el Parque Henri Pittier, a 40 minutos de Maracay, cruzando un bosque nuboso de gran belleza, con impresionantes árboles de bambú que casi cierran la bóveda de la carretera. Me dijeron que a veces los monos se lanzan sobre el capó de los coches a la búsqueda de comida, pero yo no vi ninguno.

Playa Grande de Choroní

Playa Grande de Choroní

En el mismo Choroní está la playa Grande, pero la gente suele alquilar “peñeros” o barquitas de motor que te llevan a playas más tranquilas como las de Chuao o Cepe.

Lo que no estaba nada tranquilo era el mar ese día, y la barca de fibra de vidrio daba unos tremendos saltos y golpes sobre las olas que repercutían directamente en tus riñones. La cara de los compañeros de barca, venezolanos, tampoco ayudaba a que confiaras en el capitán que llevábamos por mucho que dijera que hacía 15 años que navegaba por esos mares.

La Carretera a Choroní. Vistas espectaculares

La Carretera a Choroní. Vistas espectaculares

La atracción principal de Choroní son los tambores, expresión auténtica de las 3 etnias de Venezuela, descrita con una sensual belleza por el historiador Germán Fleitas en su libro “Palabras al viento” como “Tres lentos siglos de mezclarse las sangres, los sones, las sazones, los dioses y los demonios.

Después de poblar y mezclar durante todo el tiempo fue la mezcla, el mestizaje. Guitarras con tambores, maracas con zambombas, panderetas con quenas, oraciones, ensalmes y conjuros, guajiros con andaluces, isleños con mandingas, guaiquerí, galerones con luongos, maremares con jotas y tambores, fandangos con curbeta y al final, la tristeza del indio con la sangre caliente de los negros y el rasguear de guitarras españolas, galerones, fulías, décimas, lloros, jotas, el cuatro y sobre la tierra un hombre nuevo y en el aire, el joropo, que era, hecho sonidos, el alma nacional”. Hermoso.

Si a este cocktail le añades ron Santa Teresa, empiezas a entender muchas de las cosas que suceden en Venezuela, tanto las buenas como las malas.

Avión a Los Roques

Avión a Los Roques

Un lugar que me dejó completamente fascinado son Los Roques, un archipiélago de 50 islas en el Caribe, a 168 Km al norte de Caracas, declarado parque nacional en 1972.

Lo ideal es llegar en velero, pero para los mochileros no es todavía asequible ni accesible, así que la única opción es tomar un vuelo desde Caracas (por unos $100), Isla Margarita o Maracaibo.

Vista aérea de Los Roques

Vista aérea de Los Roques

La llegada por aire es en todo caso maravillosa, ves un mar con todas las tonalidades de azul y verde turquesa, atolones, arrecifes de coral, lagunas, cayos, y playas de blancas arenas coralinas.

Aterrizas en la isla de Gran Roque, la única habitada, y automáticamente te olvidas de tus problemas. La pista es pequeña, con el mar en sus 2 extremos y bastantes baches, los aviones son avionetas de 10 plazas o aviones de 50, y el terminal es una cabaña de madera.

En las islas de Los Roques

En las islas de Los Roques

La única decisión que tienes que tomar cada día, ya que las posadas funcionan con pensión completa, es escoger a qué isla te lleva el peñero, en las más lejanas puedes llegar a estar sólo (mejor en pareja).

Los complementos imprescindibles son la sombrilla, el bloqueador solar, el equipo de buceo de superficie, unas gafas de sol, y una neverita llena de cerveza Polar y ron si ya te has adaptado a los gustos venezolanos.

Buceo en Los Roques

Buceo en Los Roques

El peñero te deja y vuelve a recogerte horas después. La combinación de radiación solar, arena blanca y agua transparente puede hacerte cambiar de raza en pocas horas si no te has protegido convenientemente, de blanco a piel roja, mestizo, e incluso “conguito”.

Los nombres de las islas son graciosos, Francisqui, Nordisqui, Madrisqui y Crasqui. En Los Roques el buceo es de los mejores del Caribe, con decenas de arrecifes de corales y mucha vida animal. Contraté mi paquete de buceo con la agencia Epsilon Dive de Caracas y casi pierdo el barco, porque el avión se retrasó y cuando llegué al muelle la lancha se perdía en el horizonte.

Buceo en Los Roques. Coral ánfora

Buceo en Los Roques. Coral ánfora

Por suerte les llamaron por radio y regresaron a buscarme, si no hubiera perdido una gran inmersión, en un farallón de 30 metros de profundidad con miles de corales, y todo tipo de peces, crustáceos y cefalópodos.

Después de la primera inmersión te dejan unas horas en una islita, para que comas y te relajes en la playa, y luego vas a hacer la segunda inmersión a otro punto. Hay más de 30 lugares idóneos para el buceo.

Los Roques. Pelícanos en la empresa de buceo

Los Roques. Pelícanos en la empresa de buceo

Ésta no fue tan buena porque hacía bastante viento y el agua estaba turbia. En todo caso pude estrenar la caja submarina de mi Olympus µ[mju:] 400 digital, estanca hasta los 40 metros, por debajo del línite de mi certificación, PADI advanced, que me permite bajar hasta 35 metros.

El archipiélago de Los Roques apareció por primera vez en los mapas españoles en 1529, y en 1589 Diego de Osorio, gobernador de Venezuela, ordenó la toma de posesión oficial del archipiélago.

Los Roques. Gaviotas en la playa

Los Roques. Gaviotas en la playa

En el siglo XVIII Los Roques estaban llenos de buscadores de perlas y piratas que asaltaban barcos de la Compañía Guipuzcoana en su ruta hacia España.

En el siglo XIX la economía era principalmente el guano (excremento de aves marinas), los corales, y el tanino de la madera del mangle rojo, lo que provocó un rápido deterioro del medio ambiente del archipiélago.

Los Roques. Gaviotas en la playa

Los Roques. Gaviotas en la playa

Por suerte, a raíz del nombramiento como Parque Nacional, el turismo ha sido la principal fuente de ingresos en Los Roques, y se ha desarrollado de manera controlada, ya que no se ha construido ningún edificio de más de 1 planta.

Los servicios son básicos, aunque desde hace unos años ya hay electricidad, cajero automático y se puede acceder a Internet, lo que algunos habitantes interpretan como un peligro para la autenticidad del lugar. Yo no me conecté porque realmente hay muchas cosas mejores que hacer.

La gastronomía de Venezuela es realmente sorprendente, todas las comidas del día son copiosas y particularmente sabrosas, las arepas (tortitas de maíz) con frijoles del desayuno, el pastel de chucho (raya) en la comida, y un chivo con leche de coco se bastan por sí solos para explicar el eclecticismo de la gastronomía venezolana. Los zumos son tan variados y sabrosos como en Brasil.

Iglesia colonial en Coro

Iglesia colonial en Coro

Otro lugar muy recomendable en Venezuela es Coro y la península de Paraguaná.

Santa Ana de Coro fue fundada en 1527 por Juan de Ampíes y es una de las ciudades más antiguas de Venezuela.

Se conserva muy bien, y la Unesco la nombró Patrimonio cultural de la humanidad en 1993, junto a su puerto, la Vela de Coro.

Ventana colonial en Coro

Ventana colonial en Coro

La vida cultural en Coro es muy activa; cuenta con varios museos, como el Diocesano, el de Arte Coro, y el de Arte Contemporáneo, pero lo más agradable sin duda es pasear por sus calles empedradas con varias iglesias antiguas, y admirar el colorido de sus edificios, que oscila desde el azul intenso al rojo, amarillo y marrón. Más variedad imposible.

La famosa casa de las 100 ventanas las tiene todas; acostumbrado como estaba a que los venezolanos exageren diciendo siempre para todo “un millón”, me molesté en contarlas y efectivamente hay 100.

Hay también varios parques y paseos llenos de árboles tropicales, como la Alameda.

La catedral de Coro, del siglo XVI, fue la primera del país, y está en la plaza Bolívar. Albergó la primera diócesis de Venezuela. Ahora mismo está en obras y no se puede visitar.

Adícora

Adícora

De Coro se pasa a la península de Paraguaná, que alberga el P.N. de los Médanos en el istmo que la une con el continente.

Es muy árida y llana, y desde casi toda la península se ve el cerro de Santa Ana, la única montaña, y hay desperdigados un montón de pueblos coloniales como Pueblo Nuevo, Moruy, Santa Ana, Buena Vista, y Jadacaquiva.

Disfrutando del atardecer

Disfrutando del atardecer

Nos alojamos en Adícora, que no es precisamente un pueblo bonito, pero su ubicación le ha convertido en un centro internacional de windsurf, debido al viento constante que sopla todo el año en la playa sur.

Adícora me deparó una de las puestas de sol más hermosas de mi vida, con el cielo cambiando desde el azul claro hasta el índigo, para despues estallar las nubes en rojos imposibles que perfilaban las palmeras de la playa y se reflejaban en el agua.

Atardecer en Adícora

Atardecer en Adícora

Quizás por la envidia que le producía la belleza de la luz natural, un transformador de electricidad empezó primero a chisporrotear y luego directamente montó un espectáculo de fuegos artificiales que dejó al pueblo a oscuras casi una hora.

Muy cerca de Adícora se encuentra el punto más al norte de Venezuela, el Cabo San Román, descubierto el 9 de agosto de 1499 por Alonso de Ojeda, Juan de La Cosa y Américo Vespucio, que iban bordeando la costa.

La carretera a Colonia Tovar

La carretera a Colonia Tovar

De regreso a Caracas visité uno de esos lugares que te dejan impactado por inesperados: una ciudad alemana en medio de la sierra costera, a 63 km. de Caracas, que se nos presenta como un espejo de la Selva Negra (Schwarzwald) alemana.

Llegaron en 1843, provenientes de pueblos de la Selva Negra, durante muchos años vivieron aislados, entre otras cosas porque el clima es fresco y los venezolanos escapan del frío, y pudieron conservar su idioma, el badischen (dialecto de Baden), la arquitectura y las tradiciones alemanas gastronómicas y festivas, y vestían como auténticos alemanes.

Hoy en día es un centro turístico donde te puedes comer una salchicha frankfurt o una ensalada de choucroute, beber un chocolate caliente, tomarte una cerveza Spaten y celebrar el Oktober Fest como si estuvieras en Alemania.

Arquitectura alemana en Colonia Tovar

Arquitectura alemana en Colonia Tovar

La gente es rubia, en las tiendas y restaurantes visten a la antigua, pero por suerte la música que se oye cotidianamente es latina, y no las ruidosas bandas de viento alemanas que te levantan más dolor de cabeza que las varias jarras de cerveza que te has tomado.

Mural explicativo de la historia de Colonia Tovar

Mural explicativo de la historia de Colonia Tovar

Tanto la carretera de subida a Colonia Tovar, como la de bajada, impresionan por sus vistas y por lo cerrado de sus curvas en peralte, que te obligan a poner primera.

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¡¡ Hasta Pronto !!

Carlos, desde La Coruña, España, 26 de Julio de 2004

Vagamundos 2004. Venezuela. Choroní y Los Roques