Karijini, historia pétrea.

Karijini y una de sus gargantas

Karijini y una de sus gargantas

Tengo la sensación de que se necesitarían varias vidas para poder decir que conoces Australia. Después de 5 meses y 25.000 km. por carretera, no dejo de sorprenderme en lugares que son poco conocidos y menos visitados, pero que encierran auténticas maravillas de la naturaleza.

Mi último “descubrimiento” ha sido el Parque Nacional Karijini. Para llegar a él hay que dejar la costa oeste de Australia y adentrarse en el interior desde Exmouth, pasando por una ciudad minera llamada Tom Price, y por unas cuantas carreteras que no están asfaltadas.

El parque sólo tiene zonas de acampada libre sin duchas, pero como ya os he comentado en otros diarios, siempre hay un servicio limpio y con papel. Acampamos en una zona semidesértica, con una tierra roja muy fina que a cualquier ráfaga de viento se levanta y se te pega a los poros de la piel, cambiándote de raza para convertirte en un auténtico piel roja.

El punto de no retorno

El punto de no retorno

Sin una luz en kilómetros a la redonda, la bóveda celeste era el mejor techo que podíamos pedir, y los puntitos luminosos de millones de estrellas (en Australia se pueden ver hasta 5 millones mientras que en el hemisferio norte “sólo” se pueden ver 3) eran la mejor luz para nuestras mesillas.

Escuchamos embobados las historias sobre la mitología de los aborígenes sobre las estrellas que nuestro guía Paul nos contó; ellos creen que cada estrella es la hoguera de uno de sus antepasados, y la única coincidencia con la mitología zodiacal es Escorpión, pero para los aborígenes cuenta la historia de 2 hermanos que cometieron incesto y que por ello se vieron obligados a estar muy cerca, pero nunca juntos (las 2 estrellas que están muy juntas cerca de la cabeza de escorpión).

La mitología aborigen es realmente hermosa y llena de simbología e historias que te llegan al corazón, espero poder profundizar en su significado, aunque muchas veces es imposible porque los aborígenes son reacios a comunicarla.

Las gargantas son realmente estrechas

Las gargantas son realmente estrechas

Por la mañana nos levantamos temprano, con el polvo de estrellas todavía pegado a nuestros cuerpos, para acometer nuestro objetivo en Karijini: recorrer la llamada “miracle mile” o “milla del milagro”, que te obliga a escalar paredes verticales de 50 metros, saltar desde 4 metros a una laguna de agua helada, caminar entre angostas gargantas cuyas paredes tocas con ambas manos, subir por cascadas de agua y vadear ríos y pozas con el cuerpo aterido.

Para complicar más la cosa, a pesar de las recomendaciones en contra, yo llevé mis 2 cámaras, la Sony y la Nikon, porque no quería perder la oportunidad de fotografiarlas, pero los 4 kg. de peso fueron una incomodidad y una tortura al pasar por las grietas de la garganta; al menos los resultados han valido la pena, como podeis observar en las fotos adjuntas (muchas más en la sección de Karijini de Perth a Darwin).

Visto en perspectiva, el nombre de milla del milagro se lo debieron poner porque es un milagro que puedas terminar el recorrido sin lesionarte, o tener un accidente más grave, porque no llevábamos equipo de escalada ni cuerdas ni trajes térmicos, así que cualquier despiste podía suponer una caída libre desde muchos metros sobre rocas de 3.5 millones de años de antigüedad, las más antiguas del hemisferio sur.

Con Paul, el guía

Con Paul, el guía

Nuestro recorrido comenzó en la “junction pool”, o “piscina del cruce”, donde se encuentran 3 gargantas, de las cuales recorrimos sólo 2. En Karijini hay caminos de todos los niveles y duración, desde unos cientos de metros, hasta algunos de varios días de extrema dureza.

Su superficie de 6.000 kilómetros cuadrados y los 150.000 visitantes al año hacen que puedas estar varios días sin encontrarte a nadie. En nuestro recorrido más corto, la dificultad era que a sólo una hora de comenzar encontramos un punto de “no retorno”, un salto a una poza desde 4 metros que no tenía vuelta atrás, si saltabas tenías que llegar al final.

De nuestro grupo de 14 personas, sólo una se retiró, pero varias se arrepintieron después de no haberlo hecho. Al final del recorrido, los múltiples arañazos, raspaduras, chichones, tobillos torcidos y algún hueso dislocado nos hacían parecer un grupo que venía de algún frente de guerra en vez de una excursión por Karijini, pero cada arañazo valió la pena por la experiencia vivida.

Es sólo un amago, ni se me ocurre saltar

Es sólo un amago, ni se me ocurre saltar

A cada recodo de las gargantas que recorríamos, nos encontrábamos con obras de arte que el agua ha esculpido trabajosamente durante miles de años, rocas suaves como la seda, con estratos de múltiples colores, y filigranas en las paredes que no podría mejorar ningún escultor.

Un anfiteatro natural en un recodo del río, donde el agua se reposa momentáneamente me sugirió que sería un lugar perfecto para un concierto de Paul Winter, uno de mis músicos preferidos, que tiene por costumbre grabar sus discos en plena naturaleza y no encerrado en las 4 paredes de un fantástico pero frío estudio de grabación.

Este lugar poseía una armonía que te relajaba totalmente. Una vez recuperados y en paz con el mundo, nos pusimos en marcha de nuevo, y la segunda parte del recorrido volvió a exigir la máxima atención para encontrar el hueco en la roca donde apoyar tus dedos y poder escalar nuevas paredes sin incidentes.

Finalmente llegamos a un lago, que cruzamos como porteadores, con nuestras posesiones en la cabeza para que no se mojaran, y con el agua literalmente hasta el cuello.

Uno de las pozas que tuvimos que cruzar

Uno de las pozas que tuvimos que cruzar

Agotados, empapados, hambrientos y exhaustos por el frío y el esfuerzo físico, terminamos las 6 horas de fabuloso recorrido por las gargantas de Karijini, y en cuanto cenamos en el campamento nos metimos en nuestros sacos de dormir para entrar en calor y descansar.

El segundo día amaneció nublado, y los calambres de algunos miembros del grupo nos convencieron para tomar una opción más relajada en vez de seguir recorriendo las gargantas, así que nos fuimos a las cascadas Fortescue, que albergan una maravillosa piscina natural donde estuvimos retozando un buen rato.

Nos pusimos de nuevo en camino, dejando el polvo rojo de Karijini detrás y regresamos a la costa; acampamos en 80 miles beach, la playa de los 130 kilómetros, uno de los lugares preferidos por los pescadores de la costa Oeste, que recorren a veces cientos de kilómetros para poder lanzar sus cañas en esta playa de 25 kilómetros de largo.

Nuestras capturas de la suerte del novato

Nuestras capturas de la suerte del novato

La razón la descubrimos al días siguiente por la mañana temprano, porque a pesar de que al amanecer había decenas de personas pescando en sus orillas, en menos de 2 horas capturamos 3 salmones de mar, a pesar de nuestra inexperiencia en la pesca, mientras nuestros vecinos nos miraban incrédulos pensando en “la suerte de los principiantes”.

11 kilos de salmón de mar, que cocinamos en la barbacua con leche de coco y curry, una de mis especialidades favoritas al estilo asiático.

Unos días de descanso en Broome, a mitad de camino entre Perth y Darwin, me dejan listo para salir a la carretera de nuevo, esta vez en busca de lugares no menos espectaculares que Karijini y tampoco muy conocidos, como el P.N. de Bungle Bungle o Purnuluru, la región de los Kimberley, y una nueva visita a Kakadú, esta vez en época seca (cruzo todos los dedos de las manos y hasta los pies para no mojarme tanto como la última vez).

En este enlace podéis ver todas las fotos del viaje de 6 meses en 2002 por Australia y Nueva Zelanda

¡¡ Hasta Pronto !!

Desde Broome, Australia del Oeste, abril 2002

 

Australia&Nueva Zelanda