Vuelta a Ilha Grande (I)

Aqui comenzó la vuelta Ilha Grande Adventure

Aqui comenzó la vuelta Ilha Grande Adventure

Cuando el año pasado estuve en Ilha Grande y me preguntaron si volvería, dije que tenía al menos 2 razones para hacerlo; la primera y más importante los buenos amigos que dejaba aquí, y la segunda la posibilidad de hacer la vuelta completa a la isla caminando, por senderos muchos de ellos centenarios, un trekking que prometía ser excepcional, y ahora puedo confirmar que lo es.

Piedras amolares arqueológicas

Piedras amolares arqueológicas

Llegué a Ilha Grande después de 24 horas de transporte combinado barco-bus-barcaza-ferry desde Guaraqueçaba, y volví a pisar el muelle de Abraão 15 meses después de mi primera visita, con muchos menos turistas, ya que cuando termina el verano desaparecen los brasileños de Río que masifican la isla.

En todo caso el ferry iba completamente lleno, luego me enteré de que era fiesta larga en Río y la gente hacía una escapada a la isla.

El principal cambio que noto en Abrão es que lo que antes era un edificio abandonado, ahora es la sede de la agencia de viajes de mis amigos, Ilha Grande Adventure, y de un cybercafé tropical, con mesas de bambú, que se convirtió en mi casa en la isla.

Hermoso río

Hermoso río

Comenzamos la labor de planificación de la vuelta a la isla, tarea nada fácil porque las posibilidades son enormes, la isla tiene cientos de senderos creados por los “moradores” para moverse por ella, pero muchos de ellos han sido tragados por el mato atlántico o están en pésimas condiciones; la isla también tiene restricciones en algunas zonas, protegidas por un parque estatal y una reserva biológica.

Iglesia de Saco de Ceu

Iglesia de Saco de Ceu

La isla tiene una historia que se remonta a 1502, cuando el navegante portugués André Gonsalves surcaba estas aguas y penso que la isla formaba parte del continente. Los habitantes eran indios Tamoios, y el nombre en lengua Tupi era Ipaum Guacu; Ipaum significa Isla y Guacu Grande.

Los siglos posteriores la convirtieron en refugio de piratas, lugar de tráfico de esclavos, sede de un hospital lazareto para navegantes con enfermedades contagiosas, lugar de grandes haciendas de banano y café, centro de producción de salazón y conservas, y hasta 1.994 lugar de alojamiento no deseado para los presos del penal Candido Mendes en la villa de Dois Rios. Por suerte los visitantes hoy llegan a la isla por otras razones.

Decidimos seguir los senderos oficiales, e intentar algunos que no están en los mapas, además de subir varios picos; la isla es muy montañosa y es difícil encontrar un área llana de cierta extensión.

La parte de la isla que da hacia el interior de la ensenada de Angra dos Reis (llamada así porque fue descubierta un 6 de Enero) suele tener aguas tranquilas, pero el otro lado, abierto al océano Atlántico, tiene algunas playas muy apreciadas por los surfistas, pero no aptas para embarque/desembarque.

Gusanos en asamblea

Gusanos en asamblea

Todo ello hacía de nuestra aventura algo muy especial, y cuando nos pusimos en marcha Nelio, Rafa, Dico y yo en un radiante día de abril, ibamos exultantes.

Comenzamos por la parte occidental, pasando el primer día por la playa preta (negra), llamada así por la coloración de la arena, las ruinas del lazareto y un acueducto que llevaba el agua hasta allí, y una sucesión de hermosas playas en la ensenada de las estrellas (qué poético nombre), Feiticeira, Saco do Céu, Freguesía de Santana, avistamos la isla dos macacos, subimos y bajamos unos cuantos morros, para terminar nuestro día en Bananal.

Para ver la panóramica Olympus de Ilha Grande, haz click aquí.

Vista desde el mirador de Bananal

Vista desde el mirador de Bananal

Habían sido 13 km, que en distancia no es mucho, pero la temperatura, 30º, y la alta humedad hicieron de la caminata especialmente difícil.

Un baño en la bahía de Bananal y una buena cena hicieron maravillas para prepararnos para el día siguiente, que nos llevó primero hasta el mirador del Bananal, con una espléndida vista de la bahía, y luego hasta Matariz, donde una pequeña comunidad sigue viviendo al estilo tradicional en muchos aspectos.

Casa da Farina en Matariz

Casa da Farina en Matariz

Cuando llegamos, nos dirigimos al único bar del pueblo, donde los lugareños estaban tomando cerveza ya por la mañana, y dio la casualidad que eran los dueños de la posada que estábamos buscando.

Nos llevaron de paseo por el pueblo, y pudimos ver cómo se prepara la harina de mandioca en casas tradicionales de adobe y bambú, con ralladores, hornos y prensas funcionan a “pedal”. También estaban tostando café.

Bingo en Matariz

Bingo en Matariz

Al día siguiente pensábamos subir a un mirador cercano, y habíamos quedado con un paisano que conocía el camino para que nos abriera el sendero, pero llovió toda la noche y las nubes bajas impedían ver nada, así que desistimos.

Bordeamos la ensenada do Sitio Forte por un sendero muy bonito, y llegamos a nuestro destino, Araçatiba, completamente empapados.

Hermosa flor

Hermosa flor

La dueña de la posada Bem Natural, Nice, nos recibió con un delicioso zumo de cacui, una de las muchas frutas tropicales de las que no había oído hablar y que estoy probando en Brasil.

Para cenar tomamos lula (calamares) con pasta, que me supieron a gloria. Nice, como muchas otras personas que viven en Ilha Grande, decidió escapar del bullicio de la ciudad y vivir de manera bien natural (de ahí el nombre de la posada).

Mariposa

Mariposa

La conexión internet que tenía era casi la más lenta que he usado nunca, 19.000 baudios, y sin duda la más cara, unos $30, porque era conferencia a Angra. La usé 5 minutos y ni siquiera pude abrir mi correo; no me quiso cobrar.

Un copioso desayuno (aunque sin pan fresco, porque la panadería estaba cerrada, increíblemente compran el pan en Angra, no lo hornean en Araçatiba), nos llenó de energía para visitar un lugar muy especial, la gruta de Acaiá, en el extremo occidental de la isla.

En la gruta de Acaiá

En la gruta de Acaiá

Es una gruta inundada a la que se tiene acceso buceando o por una pequeña rendija en las rocas, que hay que descender con mucho cuidado y arrastrarse con menos de un metro de altura.

Está en una propiedad privada y el dueño te acompaña a la entrada y te enseña a deslizarte con seguridad; él se mueve como un gato mientras tú te arañas arrastrándote.

Agua fosforescente en la gruta de Acaiá

Agua fosforescente en la gruta de Acaiá

La entrada funciona como un pulmón; cuando entran las olas en la gruta, el aire sale expelido como un vendaval por la pequeña entrada, y al retirarse sucede lo contrario; tan fuerte es la corriente de aire que casi voló mi linterna frontal.

El efecto del agua dentro de la gruta, a pesar de que no hacía sol, es impresionante, ya que el mar refulge con un color verde turquesa increíble, y el sonido de las olas te envuelve.

Construcción de canoa

Construcción de canoa

La sensación debe ser parecida a lo que se siente en el claustro materno (aunque mi memoria no llega tan lejos), porque uno se siente feliz y protegido, sin ruidos y en paz a pesar del poco espacio de la gruta.

Estuvimos un buen rato y luego nos acercamos a la entrada de la gruta por el mar, en una zona rocosa; me comentaron que hay gente que hace el recorrido en apnea, pero ya ha habido accidentes y no es muy recomendable. El guía que nos enseñó la cueva estaba construyendo una canoa a partir de un árbol, y nos enseñó el proceso, que lleva semana.

Maravilloso atardecer

Maravilloso atardecer

Preguntamos a varios vecinos por la senda que une Acaiá con Provetá, que nos ahorraría bastante camino, y comprobamos que el concepto “trilha fechada, aberta, fechada mais consigue pasar”, varía según a quién le preguntes, así que no queda más remedio que comprobarlo por tí mismo.

Eso hicimos, logramos llegar a la casa do Miguel, un lugareño que vive solitario en una cabaña de adobe con una vista espectacular entre plantaciones de frutas y bananos; el camino se perdía allí y Miguel no estaba para aconsejarnos, así que tuvimos que regresar.

Palmera interminable

Palmera interminable

Regresamos a Araçatiba, y al día siguiente por la mañana temprano, cruzamos a la parte sur de la isla por un camino muy empinado, lleno de agujeros y barro.

Llegamos al mediodía a Provetá, una pequeña villa en la que casi todos son evangélicos, y los extraños son mirados como si vinieran de otro mundo. Nuestra posada estaba al final de la playa.

Flor

Flor

El puente que cruzaba el río estaba caído por las fuertes lluvias de enero, y estaban comenzando a repararlo ahora. Tuvimos que hacer casi escalada en roca para entrar en la posada.

La dueña nos comentó que era muy difícil hacer amigos allí si no eras evangélico. Ella llevaba 5 años viviendo en Provetá y tenía muy pocos amigos. Provetá tiene electricidad desde hace sólo 2 años, y con ella han llegado algunos adelantos que los evangelistas consideran diabólicos, como la televisión.

Provetá

Provetá

Dejamos las mochilas en la posada y nos fuimos al lugar más sureño de la isla, Punta dos Meros, pero sólo llegamos a mitad de camino porque de nuevo el camino se perdía, en este caso a propósito, porque los únicos habitantes de la playa dos Meros llegan y salen en barco desde su muelle privado, y no quieren visitas de turistas, así que la playa es prácticamente privada para ellos.

Libélula

Libélula

El señor David, dueño de una plantación, nos dijo que tomáramos la fruta que quisiéramos, y yo me arrimé a un tamarindo y me harté de comer deliciosas mandarinas.

Por todas partes se ve fruta por los suelos que no es recogida, y lo irónico del asunto es que en Provetá no pude comprar bananas, porque en las tiendas sólo tienen “productos importados”, cuando quieren fruta van al árbol y la toman.

Amanecer en Aventureiro

Amanecer en Aventureiro

De Provetá seguimos para Aventureiro, dentro ya de la Reserva Biológica da Praia do Sul y Del Parque Estadual Marino de Aventureiro, y por ello oficialmente sin alojamiento, por lo que es un lugar muy tranquilo.

Intentamos subir a la Pedra da Sundara, pero una vez más nos perdimos en el dédalo de sendas y regresamos a tiempo de ver un hermoso atardecer desde la playa.

Vista de la Piedra do Demo desde Sundara. Cortesía de Nelio

Vista de la Piedra do Demo desde Sundara. Cortesía de Nelio

El amanecer en Aventureiro es de tarjeta postal, con la arena blanca, unas enormes rocas, el mar, el sol asomando por los picos de la costa y una palmera que creció horizontal hasta que cambió de opinión y se animó a ir para arriba.

Me pateé la zona hasta que encontré un enjambre con miles de tábanos, el insecto que más odio, y salí por patas antes de que decidieran tomarme como desayuno.

Palmeras en Aventureiro

Palmeras en Aventureiro

Mis compañeros fueron de nuevo a Sundara con Zuleica, una señora del pueblo que camina por el mato descalza, y pudieron llegar al mirador; yo me quedé en casa porque una diarrea me obligaba a estar cerca del baño.

Por suerte desapareció en unas horas, y pudimos continuar camino a Parnaioca, que significa lugar del pescado.

La praia do Demo se llama así por unas resbaladizas rocas en las que si patinas te vas “directamente al infierno” y después están las playas do Sul y de Leste, separadas por un islote rocoso y una laguna arenosa, en total unos 4 km de arena blanca y solitaria, porque su acceso está prohibido por las normas de la reserva biológica.

Manglares

Manglares

Llegamos a Parnaioca y nos alojamos en casa del señor Joaõ, que nos contó un montón de historias de la época de las plantaciones, las fábricas de sardinas y el presidio de Dois Ríos.

Su finca fue la más cuidada y limpia que vi en toda la isla, a pesar de que vivía sólo; de la casa en que nos alojamos no puedo decir lo mismo.

CONTINUARÁ…..

Haz click si quieres más información sobre Ilha Grande, y si piensas visitar la isla y dar la vuelta o cualquier otro tipo de actividad, te recomiendo Ilha Grande Adventure.

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¡¡ Hasta Pronto !!

Carlos, desde Ilha Grande, Brasil, 5 de Mayo de 2004

Vagamundos 2004 Ilha Grande Brasil