Bocas del Toro. Las islas del relax

Acabo de llegar a la isla Colón, en Bocas del Toro, la provincia que es fronteriza con Costa Rica en la costa caribeña, y me parece haber retrocedido 30 años de golpe. Estoy en la terraza de un restaurante donde están sonando Eagles y John Lennon, y a mi alrededor veo barbados hippies con sombreros de paja ellos, y largas faldas y pañuelos en la cabeza ellas, guitarras que suenan, hay puestos de artesanía hippie, y pasan surfers con sus tablas bajo el brazo. Si no fuera porque a mi alrededor todos los habitantes locales son negros, la calle está sin asfaltar, y las casas de maderas parecen al borde del colapso, diría que estoy en la California de los años 60.

El viaje desde Boquete ha sido largo, pero no tanto como para haber retrocedido en el tiempo. Han sido múltiples medios de transporte: de Boquete a David un autobús escolar amarillo de los de las películas americanas, que venden en Centroamérica cuando ya están muy viejos para transportar escolares en USA, y aquí sobrevivirán otros 20 años; de David a Almirante, en la costa caribeña, un minibús que cruzó la cordillera central panameña a velocidad de vértigo bajo una intensa lluvia (sí, iba acongojado, cada vez que el bus quería parar para recoger a alguien, frenaba 30 metros más adelante del pasajero, menos mal que no tuvo que frenar por alguna otra razón); un taxi 4×4 en Almirante para acercarme al muelle donde se cogen los barcos-taxi a Bocas del Toro; media hora en lancha rápida con saltos sobre el agua que te recordaban que tienes 2 riñones, 2, y finalmente un taxi-bici voluntario, un paisano que me acercó a mi hotel en bici, debió ver que iba arrastrando los pies, habían sido 8 horas sin comer nada.

Pero aquí estoy, en el Hotel del Parque, se llama así porque está en una plaza que enmarca 2 de las 4 calles que tiene el pueblo, y es un edificio de madera mezcla de estilo entre colonial y americano. El archipiélago de Bocas del Toro lo forman 9 islas, 51 cayos y más de 200 islotes, y su población es mayoritariamente negra, esclavos traídos desde USA para trabajar en las plantaciones de bananos (si os suena la marca Chiquita, de aquí viene, y el término república bananera se acuñó en honor a Panamá), y hablan el guariguari (suena muy parecido a guirigay, y realmente lo es), una mezcla de inglés afroantillano, ngöbe, español y francés, suena muy gracioso.

Ceno un red snapper (pargo) tamaño XXL, porque el viaje me ha abierto el apetito, y me sorprendo de que existan todavía lugares así. He venido principalmente a bucear y a ver el único parque marino de Panamá, el de la isla Bastimentos, donde habitan manatíes, delfines, y tortugas que vienen a anidar, pero no antes de marzo, así que seguramente no las veré. Me retiro pronto porque quiero madrugar para ir a la agencia de buceo, pero me da tiempo a ver que hay bastante ambiente por las calles.

Amanece lloviendo y nublado, y decido dejar el buceo para mañana, me gusta bucear con sol porque en el Caribe da una transparencia y una visibilidad en el agua increíbles, además en la agencia me doy cuenta de que es martes y 13, se lo comento a la chica, y ella me dice que por eso 2 españoles que se han ido a bucear iban preocupados; ella no entendía nada, porque en todo el mundo excepto España, el día de mala suerte es viernes 13 (¿os suenan las películas?).

Me voy a desayuñar, y en la mesa de al lado están una enjoyada señora y su hijo, pienso que viajar así es un reclamo para que te roben, veo que ellos me observan a mí, y mutuamente nos identificamos como españoles, y además gallegos; son ejemplo de lo que os conté en el diario de ciudad de Panamá como dueños de mueblerías; ella ha retornado a España y su hijo se ha hecho cargo de los negocios; lo gracioso es que él ha leído el reportaje que sobre Vagamundos hizo la Voz de Galicia en enero, que yo no he visto, y se acordaba de mí, no creo que pensara cuando lo leyó que me iba a conocer.

Me cambio de hotel porque en el otro han empezado a martillear a las 6 am.; el nuevo hotel, el Bahía, es más barato, y tiene vistas sobre el mar. Esto me recuerda que varios de vosotros me habeis preguntado si soy millonario o cómo financio un viaje de tantos meses. La respuesta es que no lo soy, el nivel de lujo o comodidad de un viaje lo pone uno mismo, y hay muchos países donde gastareis menos que estando en vuestra ciudad. Para que os hagáis una idea, en Panamá he pagado un máximo de $15 por habitaciones privadas con baño, agua caliente, y aire acondicionado, y un mínimo de $8 por una habitación con baño privado sin aire (con abanico, como le llaman aquí al ventilador); se puede pagar menos por habitaciones compartidas; comer es también muy barato, por $3 cenas bien en restaurantes, con cerveza incluida, y el transporte por carretera es muy económico, $10 me costó el autobús de Panamá a David, 6 horas de viaje. O sea, que con unas 2.500 pta (16€) por día se puede estar en Panamá, viajar y hacer cosas. En Puerto Rico tenéis que multiplicar las cifras por 4.

Ya os contaré sobre el buceo, a ver si encuentro finalmente una sirena que me rapte a las profundidades del mar Caribe, como le pasaba a Tom Hanks en Splash.

¡¡Hasta Pronto!!

Desde Isla Colón, 13/02/2001

 

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