De Quito a Baños, pasando por Puerto López y Cuenca.

Después de la estancia en Galápagos, mi intención era recorrer los otros 3 ecosistemas que tiene Ecuador, la Amazonía, la Costa, y la Sierra, con la ventaja de que como Ecuador es un país pequeño, en pocas horas de autobús te trasladas de uno a otro. El problema es que se habían producido lluvias torrenciales en la Amazonía, con más de 30 muertos y las carreteras intransitables, así que decidimos saltarnos el Amazonas e ir a ver las ballenas jorobadas a la provincia de Manabí, en la costa Pacífica.

El viaje en bus (3 buses) desde Quito a Portoviejo, de Portoviejo a Jipijapa, y de Jipijapa a Puerto López, fue muy entretenido, porque a cada cambio de bus, el siguiente era más auténtico, con la música a todo volumen, las frases de “Cristo es mi guía“, y los múltiples colgantes que a veces te hacen preguntar cómo ve el conductos (a lo mejor no ve, y es preferible). Puerto López es un pequeño y apacible pueblo de pescadores, que sólo ve perturbada su calma de Junio a Setiembre con la llegada de las ballenas jorobadas para su apareamiento, y sus espectaculares saltos para atraer a las hembras.

Todo el mundo camina o se mueve en bicicleta, y los niños juegan al fútbol en medio de la calle siendo interrumpidos por un coche esporádicamente. Las calles están sin asfaltar y el “camión de la basura” es un carrito tirado por un burro que se detiene automáticamente por la costumbre en los lugares donde se recoge la basura. Hay muchas barcas de pesca, y su interminable playa de unos 5 Km, es recorrida por triciclos que llevan la pesca de las barcas al mercado y a los restaurantes, ¡ más fresca imposible !.

Puerto López también es la puerta de acceso al parque natural de Machalilla, a unos pocos kilómetros; preguntamos por las ballenas, y nos comentan que han llegado pocas, porque los machos no han venido todavía a ofrecer sus saltos, y que no hay garantía de verlas. Sólo nos garantizan piqueros de patas azules y quizá lobos de mar; nos miramos, y después de la semana en Galápagos, casi nos da la risa. Además, han subido el precio de la entrada al parque a $25, a añadir los $30 del tour, y como el presupuesto empieza a escasear, decidimos gastárnoslo en una mariscada, que aquí cuesta $5. Lo que no falla es encontrar un café Internet, pero no consiguieron conectar, y casi me alegré.

Al día siguiente desandamos el camino para ir a Alausí, de donde parte el famoso tren que pasa por la nariz del Diablo, un vertiginoso descenso por montañas y quebradas, donde viajas en el techo del tren, agachándote para no golpearte en los túneles y con las ramas de los árboles, pero cuando llegamos a Guayaquil había partido el último bus de enlace, y el tren era temprano por la mañana.

Decidimos irnos entonces a Cuenca, y la decisión no pudo ser más acertada, porque llegamos en plenas fiestas del Corpus, y nos alojamos en el hostal el Monasterio con la mejor vista posible de Cuenca sobre la catedral, una de las más bonitas que he visto, con sus cúpulas azules destacando en el horizonte. Las calles están llenas de gente, y los tenderetes de ventas de dulces están primorosamente colocados, incitándote a la gula, y es inevitable probar algunas de las delicias pasteleras, como cocadas, bombas de chocolate, palmeras, y un sinfin de pasteles.

También tiran cohetes y hay espectáculos por las calles; realmente Cuenca es una ciudad fantástica, muy colonial con sus múltiples iglesias, y sus calles empedradas; la llaman la ciudad de los 4 ríos porque la atraviesan varios. El Domingo visitamos el famoso mercado de Chordeleg, donde los incas despliegan todas las mercancías que sus artesanales manos han producido. Todas las mujeres llevan sombreros tipo tirolés, y se venden los llamados sombreros panamá, que en realidad se fabrican en Ecuador, en Montecristi, pero como los hizo famosos el ingeniero Lesseps que construyó el canal, se les quedó el nombre panamá.

Por los mercados pululan las indígenas con sus niños cargados a las espaldas, muchas veces descalzas, y llevando grandes pesos en sus cabezas; son una raza pequeña pero muy robusta, indudablemente las extremas condiciones de sus vidas les han endurecido tanto el cuerpo como las almas.

Desde Cuenca nos dirigimos a Baños, famoso pueblo entre montañas conocido por sus baños termales, y por el volcán Tunguragua, que con sus más de 5.100 m, lleva más de un año ofreciendo un espectáculo pirotécnico de primera magnitud, con columnas de humo de varios kilómetros de altura y continuas erupciones de lava volcánica. Los habitantes de la zona fueron evacuados, y aunque han regresado, están siempre atentos a cualquier ruido del volcán para salir corriendo.

Precisamente cerca de Baños, en San Antonio de la Montaña, viven Margarita y Polito, 2 ecuatorianos que conocí en el barco de Galápagos, y que nos invitaron a conocer su casa. El lugar es idílico, a 2 horas caminando desde Baños, en un estrecho valle por el que corre un río que normalmente es de pristinas aguas, pero que las incesantes lluvias de los últimos días han convertido en color achocolatado.

La actividad del volcán les arruinó el negocio que tenían, un criadero de truchas y salmones totalmente natural, con 15 piscinas excavadas en la roca volcánica por la acción del río. Cuando fueron desalojados por el peligro de erupción, tuvieron que abandonarlo todo, y además del desastre natural, el ejército, que se suponía tenía que proteger la zona, se encargó de dar buena cuenta de los salmones reproductores que tenían.

Están pensando en reconvertir el lugar, que es una maravilla tanto botánica como animal, para el ecoturismo; lo mismo están pensando hacer con una finca de 80 hectáreas que tienen a una hora de Quito, en Miraflores, noroccidente del Pichinca, un lugar llamado Intillacta (tierra del sol), y que alberga màs de 40 h de bosque primario, con ríos, cascadas y venados, colibrís y pájaros de la familia de los quetzales. Si alguien está interesado en alojarse, o conoce algún programa internacional de ayuda a la reconversión de fincas ganaderas a ecoturismo.

El regreso a Quito, donde nos reciben cálidamente en el Hotel Real Audiencia, es algo triste, porque supone el cierre a mi etapa sudamericana, y el regreso a España, pero por otro lado, el hecho de que veré a mi familia y amigos pronto, y que pasaré las fiestas de San Juan en mi ciudad natal, La Coruña, me reconforta.

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¡¡ Hasta Pronto !!

Desde Quito, 21/06/2001

Ecuador