Ponte Maceira.

Uno de los encantos que tiene Santiago para mí es que a 10 minutos caminando del Obradoiro estás ya en el campo, que es lo que sucede en el Camino a Fisterra; después de pasar el robledal de San Lourenzo, al que Rosalía de Castro dedica un poema en Follas Novas, una de sus obras más famosas, el camino se hace totalmente rural. En Trasouto está el pazo de San Lourenzo, de origen medieval, con iglesia y obras renancentistas y barrocas, además de un hermoso jardin de boj.


Otoño en Negreira

Caminas entre huertos sembrados y verdes praderas donde pastan las vacas tranquilamente (una de las características de las vacas gallegas es que suelen tener nombre propio, porque las explotaciones son familiares, con muy pocas vacas), y es poesía pura oir a las paisanas llamarlas por su nombre, “vamos lucera”, “arre bonita”; no hay que olvidar que una de las obras más representativas de Manolo Rivas es precisamente Un millón de vacas.

En Ponte Maceira hay que pararse a tomar algo en una de las terrazas que da sobre el río, con su puente, sus represas y los antiguos molinos; todo el pueblo está muy bien conservado, y me pregunto porque el resto de Galicia acusa tanto ese “feismo” arquitectónico que nos lleva a mezclar casas de cemento, azulejo, piedra, madera, con tejados de teja, pizarra, uralita, metálicos, en un estilo que algunos definen como “ecléctico” y yo calficaría más como “esperpéntico”.


Iglesia de San Xulián en Negreira

Negreira es un ejemplo de esto, ya que junto a casas de piedra bien conservadas y edificios históricos como ayuntamiento y el Pazo de O´Cotón, encuentras bloques de diversas alturas, colores, y estilos arquitectónicos. Desde Negreira el Camino coincide en algunos tramos con el antiguo Camino Real a Fisterra, como lo atestiguan localidades como Camiño Real y Portocamiño.

El albergue de Negreira se encuentra a la salida del pueblo, cruzado el río Barcala, en un alto y a un kilómetro del centro, poca distancia si uno va bien de fuerzas, pero que se hace pesado cuando tus energía empiezan a andar justas.

No vi ningún peregrino en la etapa, lo que ya no me extraña porque en la ruta de Plata sólo me encontré a 2 peregrinas en 8 días, peroal llegar al albergue de Negreira observé una gran actividad; excepto un chico vasco, el resto de peregrinos, unos 10, eran extranjeros.


Familia de hórreos

La ruta a Fisterra está recomendada en todas las guías extranjeras, y realmente vale la pena hacer los 3 ó 4 días extras, si pasamos por Muxía, para llegar al “Fin del Mundo”.

Además, en las guías les indica que hay que bañarse en Fisterra y quemar una prenda en el cabo simbolizando que termina nuestra vida antigua y comienza una nueva, y los extranjeros siguen la tradición a rajatabla, aunque sea pleno noviembre.


Carnero curioso

Después de Negreira llama la atención la cantidad de hórreos que hay, a veces pegados, y como podeis ver en la foto, he podido meter 4 en la misma foto, aunque había más en los alrededores.

Una vez superado el monte Aro, de 556 metros, entramos en la comarca de Terra de Xallas, con el río y el impresionante embalse de A Fervenza como referencias.

Esta etapa, que hicimos bajo una lluvia que en Galicia llamamos “xiada” o “calabobos”, por razones evidentes, ya que parece que no moja y cuando te das cuenta estás empapado, termina después de cruzar el puente del S.XVI sobre el río Xallas, en Olveiroa, que posee uno de los albergues más singulares de todos los que he visto, y han sido ya unos cuantos, consta de varios edificios de piedra reformados, con cuadras para caballos, plazas para bicicletas, y una cocina con lareira.


El albergue de Olveiroa

Pero lo más singular son los detalles de decoración, ya que la hospitalera ha puesto flores, figuras, jarrones, visillos, etcétera, para que te sientas como en casa, y ya que la oferta gastronómica del pueblo no es muy variada, siempre hay una olla de sopa humeante a disposición del peregrino; y os puedo garantizar que después de caminar bajo la lluvia un buen rato, sabe a gloria, es lo único en que no coincido con Mafalda.

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¡¡Ultreia!!

Olveiroa, 11 de noviembre de 2003