﻿{"id":76,"date":"2005-12-22T11:51:45","date_gmt":"2005-12-22T11:51:45","guid":{"rendered":""},"modified":"2022-06-26T22:25:56","modified_gmt":"2022-06-26T22:25:56","slug":"calma-chicha","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vagamundos.com\/faros-del-mundo\/calma-chicha\/","title":{"rendered":"Calma Chicha"},"content":{"rendered":"<p><center><img src=\"https:\/\/vagamundos.com\/faros-del-mundo\/wp-content\/uploads\/img\/logoedviento_pequeno.jpg\" alt=\"\" width=\"223\" height=\"108\" align=\"center\" border=\"1\" hspace=\"8\" vspace=\"6\" \/><\/center><br \/>\nHab\u00eda vivido con esa imagen desde ni\u00f1o. Estuviera donde estuviera le bastaba girarse para que su vista chocara con la l\u00ednea recta del Atl\u00e1ntico. La tierra ten\u00eda all\u00ed un l\u00edmite claro, una frontera definida; los ojos, un punto donde detenerse.<\/p>\n<p>En Madrid acab\u00f3 por acostumbrarse al tr\u00e1fico, a su calor de invernadero, al ritmo fren\u00e9tico impuesto a objetos y personas, pero no consigui\u00f3 superar la ausencia del agua y \u00e9sta se convirti\u00f3 en una idea recurrente y obsesiva: se asomaba desde aquel \u00e1tico con la inconsciente esperanza de ver m\u00e1s all\u00e1 de la franja dentada que dibujaban los edificios, abrigando la posibilidad remota de que all\u00e1 al fondo se atisbara \u2013se hubiera conformado con el espejismo- una banda azulada.<\/p>\n<p>Con el fin de mitigar en lo posible esa nostalgia fue salpicando t\u00edmidamente su domicilio de detalles sugerentes. As\u00ed, junto al gel de ba\u00f1o coloc\u00f3 una irisada caracola y en el sal\u00f3n, sobre el equipo de m\u00fasica, un discreto mural con los diferentes lazos marineros.<\/p>\n<p>En la cocina, extremadamente funcional y moderna, el c\u00edrculo de una pecera romp\u00eda la severidad de l\u00edneas. Un pez de ojos saltones se mov\u00eda nerviosamente intentando buscar una salida. En su fondo se abr\u00eda y se cerraba un diminuto cofre, semioculto por el coral de pl\u00e1stico.<\/p>\n<p>Aquellos talismanes le consolaban, pero en cuanto pod\u00eda, aprovechando un puente, un fin de semana largo, hu\u00eda de la ciudad despavorido y regresaba a la costa. Disfrutaba de aquellos d\u00edas con la avidez de un recluta de permiso: si la meteorolog\u00eda se lo permit\u00eda navegaba a cabotaje en una peque\u00f1a embarcaci\u00f3n de su propiedad y si el tiempo no acompa\u00f1aba paseaba descalzo por la playa, se demoraba en el puerto platicando con los pescadores o se asomaba a los acantilados.<\/p>\n<p>De aquellas escapadas volv\u00eda recuperado, como si el mar tuviera sobre \u00e9l el efecto de un balneario, la efectividad de una cura de sue\u00f1o. Regresaba euf\u00f3rico, con las pilas cargadas y siempre con alg\u00fan tesoro entre el equipaje: hoy era el tim\u00f3n de un viejo clipper, herido en su costado por una ingrata v\u00eda de agua, ma\u00f1ana un par de cabrias de bronce robadas a una olvidada goleta&#8230; el fin de semana siguiente los obenques de un velero. Lleg\u00f3 a hacerse con una enorme botavara que tuvo que transportar amarrada aparatosamente sobre la baca del coche.<\/p>\n<p>As\u00ed fue como poco a poco su domicilio fue adquiriendo la apariencia de un barco. A\u00fan as\u00ed todo le parec\u00eda insuficiente: sustituy\u00f3 entonces el entarimado de toda la vivienda por madera de boj; le result\u00f3 car\u00edsimo, pero el d\u00eda que pudo recorrer las habitaciones s\u00f3lo ech\u00f3 de menos cierta inestabilidad en sus pasos.<\/p>\n<p>Sin consultar a los vecinos cambi\u00f3 poco despu\u00e9s las ventanas convencionales por otras circulares con las que intentaba remedar al menos los ojos de buey de una nave.<\/p>\n<p>Las cortinas fueron confeccionadas con vela cangreja. Llegados a este punto su esposa prepar\u00f3 entre hipidos una peque\u00f1a maleta y se fue dando un sonoro portazo: para entonces en el ba\u00f1o las conchas, chirlas y estrellas marinas disputaban el espacio a los utensilios de aseo y las paredes del pasillo hab\u00edan sido cubiertas con la madera de un empalletado de popa.<\/p>\n<p>Transformar el dormitorio en un camarote fue acaso lo m\u00e1s sencillo, dado que ese tipo de mueble \u2013cierto que de demanda m\u00e1s juvenil- se segu\u00eda fabricando. Bast\u00f3 colocar despu\u00e9s sobre el escritorio un viejo cuaderno de bit\u00e1cora entreabierto y varias tablas de navegaci\u00f3n.<br \/>\nEn el sal\u00f3n se sirvi\u00f3 de la columna central para hacer una r\u00e9plica del palo mayor, remat\u00e1ndolo con drizas y andariveles. Jubil\u00f3 la mesa supletoria y coloc\u00f3 en su hueco un a\u00f1ejo barril de ron. S\u00f3lo restaba llenar la librer\u00eda de vol\u00famenes rematados en cuero. No pod\u00edan faltar \u201cMoby Dick\u201d ni \u201cEl diablo de la botella\u201d.<\/p>\n<p>Mayor obra de ingenier\u00eda supuso la construcci\u00f3n del acuario al fondo de la estancia. Tuvo que contar con la ayuda de un aparejador que dirigiera el proyecto y hubo que introducir, por su tama\u00f1o, la plancha de cristal a trav\u00e9s de la terraza. Mereci\u00f3, sin embargo, la pena; una vez finalizado, uno ten\u00eda la sensaci\u00f3n de encontrarse bajo el agua. No escatim\u00f3 adem\u00e1s en gastos a la hora de recrear su fondo y de poblarlo con todas las especies necesarias para dar la imagen de un ecosistema marino. Cierto es que pasaba muchas horas cuid\u00e1ndolo y alimentando a sus pobladores: all\u00e1 en la esquina se mimetizaba una peligrosa morena, un calamar se autoimpulsaba ahora hacia el vidrio&#8230;<\/p>\n<p>Cierta tarde consider\u00f3 la obra terminada. Abri\u00f3 entonces una cerveza y se asom\u00f3 a la calle desde el balc\u00f3n. All\u00ed, en proa, se encontr\u00f3 a gusto; una ligera brisa le agitaba el cabello y por un momento crey\u00f3 sentir el inconfundible sabor del salitre en los labios. Hizo un repaso mental de la jornada mientras comenz\u00f3 por fin a notar en los pies un ligero cabeceo del casco: nada especial que rese\u00f1ar en el diario de a bordo.<\/p>\n<p>Llevaba mucho tiempo sin sentir el viento en las velas, muchos d\u00edas de exasperante calma chicha. En el horizonte se comenzaba a formar la figura de un pesquero; s\u00ed, all\u00e1 a lo lejos, a poco m\u00e1s de una milla. Un transatl\u00e1ntico le rebas\u00f3 una hora m\u00e1s tarde por estribor. Se enamor\u00f3 como un adolescente de la mujer que le salud\u00f3 con la mano desde cubierta.<\/p>\n<p>Se parec\u00eda mucho a la vecina del quinto izquierda.<\/p>\n<p><em>Relato de Aster Navas ganador del I Concurso de Relatos del Mar patrocinado por <a href=\"http:\/\/www.edicionesdelviento.com\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Ediciones del Viento<\/a><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hab\u00eda vivido con esa imagen desde ni\u00f1o. Estuviera donde estuviera le bastaba girarse para que su vista chocara con la l\u00ednea recta del Atl\u00e1ntico. La tierra ten\u00eda all\u00ed un l\u00edmite claro, una frontera definida; los ojos, un punto donde detenerse. 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