Salar y Carnaval de Uyuni

Mapa del salar Uyuni

Mapa del salar Uyuni

Llegar a Uyuni a las 2 a.m. en una noche gélida y descubrir que tu hostal tiene 6 puertas a la calle, y después de llamar a 3 nadie te abre no es lo más recomendable, pero por suerte pasó un todo terreno cuyo propietario me señaló un pequeño timbre casi invisible, que finalmente abrió la puerta cuando ya pensaba que tendría que usar mi saco para dormir a la intemperie.

El autobús desde Potosí tarda 7 horas, aunque es más recomendable llegar hasta Uyuni desde Oruro en tren, con 2 opciones, el wara-wara, más económico, y la estrella del norte, más caro.

A la mañana siguiente el pueblo estaba mucho más animado, y me fui a la calle principal, la Potosí, para contratar un viaje al salar. La agencia más grande de Uyuni, Colque Tours, es también la más recomendada, ya que tiene oficina en San Pedro de Atacama en Chile y mucha gente comienza en Uyuni y termina en San Pedro o viceversa.

Cementerio trenes

Cementerio trenes

Prácticamente todas las agencias ofrecen el mismo tour de 3 ó 4 días, y los precios oscilan entre 50 y 75 dólares.

La diferencia, muy importante, viene dada por la calidad de la comida y los alojamientos, la experiencia de los chóferes, y sobre todo por el estado de los 4×4, un aspecto importante si consideramos que vamos a recorrer el salar más grande del mundo, con más de 10.000 km2, y me han contado relatos de averías o atascos en el barro que les obligaron a pasar la noche bajo cero.

Locomotora abandonada

Locomotora abandonada

Después de contratado el tour, caminé hasta el cementerio de trenes que está a la salida del pueblo, un impresionante camposanto de locomotoras, vagones, maquinarias, ejes, piezas, raíles, miles de muelles diseminados por la zona, todo con un color herrumbroso que con la hermosa luz del atardecer le daba calidez y vida a un lugar desolado.

Me subí a una locomotora, entré en los restos de una caldera, deambulé entre los esqueletos de estos trenes que no volverán a hacer sonar nunca su silbato y lei las pintadas variadas, algunas de ellas bastante originales, que anónimos artistas han plasmado en los vagones. Ni siquiera aquí los trenes se salvan de los grafiteros.

El regreso lo hice por las vías del tren hasta la moderna estación de Uyuni.

Los ojos del salar

Los ojos del salar

El sol se oculta en un horizonte plano, en el que relumbra al fondo el salar que es una de las principales atracciones turísticas de Bolivia, título bien merecido.

Aunque vas en 4×4, la sensación que tienes al entrar en el salar es que estás en otro mundo, como si fueras en una nave espacial y llegaras a un planeta de esos de las películas con desiertos, pozas de agua hirviendo pero fría, volcanes y geiseres humeantes, lagunas de todos los colores con olor a azufre, rocas con formas caprichosas y una superficie de un blanco indescriptible e inabarcable en su extensión por muy aguda que sea tu vista, cubierto de agua en algunas zonas en las que el cielo y la tierra se confunden porque son un espejo perfecto.

El hotel de sal

El hotel de sal

Si le añades al decorado animales extraños como conejos melenudos y varias especies de flamenco, islas en el centro del salar con cactus de hasta 12 metros de altura, restos de corales en las rocas a pesar de estar a mil kilómetros del mar, un hotel íntegramente hecho partido de California 10 meses antes, convendreis que sería el decorado perfecto para un Mad Max IV, La Montaña de Sal, o 2001, Odisea del Salar.

Cactus

Cactus

Mis compañeros de 4×4 son una pareja de franceses y 2 chicas australianas de Sydney. La primera parada es en Colchani, un pueblito de 4 casas donde todos trabajan procesando sal, que van a buscar al salar en camiones, luego secan y le añaden yodo, para finalmente empaquetarlas en bolsas de un kilo.

3 mujeres se dedican a ello 12 horas al día y hacen 5.000 bolsas, por las que el pueblo recibe 60 euros, es decir que el kilo de sal está 1.5 céntimos. ¡¡ Pensar que hace siglos la sal era moneda de cambio, llevada por las caravanas del desierto como un bien precioso !!.

Por el salar a toda velocidad

Por el salar a toda velocidad

De Colchani nos fuimos a ver los «ojos del salar», lugares donde el agua borbotea como si estuviera hirviendo, para hacerte el machito puedes meter la mano en el agua y descubres que está fría, la efervescencia es causada por los minerales que están en el fondo y suben a la superficie.

De allí fuimos a la isla del pescado o los pescadores, que se alza imponente en el medio del salar con cientos de cactus de todos los tamaños desperdigados por la isla. Al más antiguo, de 12 metros de altura, se le calculan 1.200 años de vida.

Amanecer en el salar

Amanecer en el salar

Comemos sobre el salar en un campamento improvisado y bajo una lona, porque la radiación en el salar es doble por culpa del reflejo, y por supuesto el chiste de la comida es «¿me puedes pasar la sal?».

De ahí nos vamos a visitar el hotel de Sal, que ya no funciona como hotel por la contaminación que provocaba en el salar, pero que todavía funciona como cafetería, y es fascinante ver como la sal puede ser un material de construcción tan duro como el cemento.

4x4 en el desierto

4×4 en el desierto

Construido con bloques, lo único que no es de sal es el techo y los vidrios de las ventanas, pero el resto, camas, silla, muebles, paredes, etcétera, está íntegramente construido con sal.

Después estuvimos recorriendo durante 2 horas a toda velocidad la zona inundada del salar, con una cuarta de agua, dejando una estela en el agua cual veleros. Las lluvias no son absorbidas por el suelo salino, más bien hacen aflorar la sal que en algunas zonas llegan a tener 100 metros de espesor, y el salar crece como un ser viviente.

formas caprichosas

formas caprichosas

Llegamos al límite oeste del salar, y allí Colque Tours tiene un hostal en Puerto Chubica que permite ver un hermoso atardecer.

Al día siguiente me levanté a las 5h30 para ver amanecer, y con el perro del hostal me fui a dar un paseo por esos paisajes desolados. Un pequeño pueblo y unas plantaciones de quinoa y patatas reflejan la dureza de la vida aquí.

Atascados en el barro

Atascados en el barro

El segundo día la sal desaparece de nuestro horizonte, pero la sustituye el volcán Ollague, todavía activo, rodeado de un paisaje casi lunar con rocas de formas extravagantes.

Empezamos a ver lagunas de colores muy variados según la predominancia de los minerales de la zona, llenas de flamencos, ya que aquí habitan 3 de las 6 especies de flamencos.

Flamencos en el salar

Flamencos en el salar

El desierto de Siloni alberga unos animales muy curiosos, las viscachas, que son como conejos melenudos y con un rabo muy largo, que se ocultan en las oquedades de las rocas para escapar del calor y del ser humano.

Allí se encuentra también el árbol de piedra, obra maestra y muestra de que la erosión de la naturaleza puede convertir una piedra en obra de arte.

Estamos a unos 4.700 metros y por suerte la altura no me afecta. Entramos en el Parque Nacional, que proteje entre otros lugares a la laguna colorada, moteada con innumerables manchas rosadas de los flamencos. La entrada cuesta unos 3 euros.

Espejo en el salar

Espejo en el salar

El alojamiento es muy básico la segunda noche, sin electricidad, duchas y baños precarios, pero la visión de un cielo a casi 5.000 de altura, con la Vía Láctea perfectamente marcada como un autopista de estrellas, compensa las carencias y el frío por debajo de cero grados que se alcanza en cuanto se pone el sol.

Nos abrigamos bien para pasar la noche, pero la altitud impide dormir plácidamente.

La viscacha

La viscacha

El tercer día toca madrugón a las 4h30 a.m. para ver amanecer en los geiseres; las ventanillas no se pueden bajar porque están congeladas y llegamos a los 5.000 metros antes de descender a los geiseres, cientos de columnas de humo desde 1 hasta 50 metros de altura, donde el agua borbotea, esta vez sí que hirviendo, y con un fuerte olor a azufre.

El frío corta como un cuchillo y dan ganas de acercarse a los geiseres para calentarse un poco, pero no es buena idea.

El árbol de piedra

El árbol de piedra

A las 7 a.m. nos dirigimos a la laguna Blanca, y antes pasamos por las rocas de Dalí, nombre que les viene al pelo porque sus formas parecen salidas de la imaginación del genial pintor.

En la laguna Blanca desayunamos, pero antes nos damos un baño en la piscina de aguas termales que salen a unos 25 grados.

El sol calienta ya y nos olvidamos enseguida del frío pasado en los geyseres.

Laguna colorada

Laguna colorada

La laguna Verde tiene este nombre por el color predominante del cobre, y es un lugar espectacular, con el volcán Licancabur, que yo conocía ya, pero desde su otra vertiente, en Chile, ya que estamos muy cerca de la frontera y de San Pedro de Atacama.

En la base de Colque Tours se queda la gente que continúa a Chile, y como me quedo sólo en el 4×4, se incorporan al grupo Hugo, un chico de Donosti, y Jess, una inglesa que habla por los codos.

El tercer día de regreso a Uyuni son muchos kilómetros de 4×4, pero el paisaje es tan cambiante que el tiempo pasa volando, cruzamos lechos de ríos secos, quebradas, y paramos a comer en un lugar rodeados de llamas que nos miran curiosas y desconfiadas.

Geyseres

Geyseres

La noche la pasamos en Culpina, un pequeño pueblo que prepara su carnaval; preguntamos y nos dicen que a las 10 p.m. estarán las comparsas en el club social, pero cuando llegamos sólo hay 3 personas, una mujer y 2 hombres, completamente borrachos, que son incapaces de articular palabra alguna cuando les preguntamos.

Cuando ya estamos en la cama, aparece por la calle la comparsa tocando insistentemente el mismo tema, cada vez más desafinado en función del grado etílico de sus integrantes. Se pasan toda la noche dando vueltas en un pueblo que no debe tener más de 200 habitantes.

Desierto rojo

Desierto rojo

En Bolivia es habitual beber alcohol de quemar para que la borrachera sea más barata, y algunos lo rebajan con chicha, bebida fermentada de maíz, para no ponerse «ciegos» literalmente.

En la casa donde nos alojamos también hubo fiesta de noche, y a la hora del desayuno tuvimos que despertar a la señora, que estaba dormitando en una habitación con un olor a alcohol insoportable.

Preparando ofrendas

Preparando ofrendas

Cuando ibamos a partir para Uyuni, vemos preparativos en la plaza, están construyendo una cruz hecha de flores, plantas, con colgajos de globos y otros adornos «kitsch», y ofrendas a Pacha-mama, la diosa de la tierra.

De repente aparece un rebaño de unas 40 llamas en la plaza guiadas por varias personas, y seleccionan a la más grande y robusta. La van a sacrificar.

Llama degollada

Llama degollada

Pido permiso para hacer fotos y me lo conceden.

Entre varias personas inmovilizan a la llama atándole las patas, y tumbándola, con un afilado cuchillo primero le hacen una incisión pequeña en el cuello, por donde empieza a chorrear la sangre, que recogen en unos vasos donde se mezcla con hojas de coca y otras hierbas.

La plaza está llena de gente, y los niños miran con curiosidad todo el proceso de la ofrenda.

Por estar cerca de la noticia

Por estar cerca de la noticia

Los vasos de sangre los derraman sobre la tierra como ofrenda la Pacha-mama, y cuando me acerco para hacer una foto, un vaso de sangre me alcanza en la cara y me mancha la ropa. Es lo que pasa por estar cerca de la noticia.

Enseguida degollan completamente a la llama, y la empiezan a destripar, momento que aprovechamos para irnos, la ceremonia ha sido fuerte, y Jess pierde su color.

Cansada de tocar la flauta

Cansada de tocar la flauta

Paramos en San Cristobal, un pueblo recién construido, ya que el original estaba sobre una mina de plata que habían descubierto y que va a comenzar su explotación en breve. Lo único antiguo en el pueblo son las campanas de la iglesia, trasladadas del otro emplazamiento.

Al llegar a Uyuni nos vemos envueltos en pleno carnaval, todo el mundo va cargado de bombas de agua, y el uso del chubasquero se hace imprescindible.

Aunque pensaba irme a Oruro en el tren de la noche, cuyo carnaval es Patrimonio oral e intangible de la Humanidad por la UNESCO, descubrí que me había dejado olvidado el Gore-Tex en el 4×4, y empezó mi búsqueda detectivesca por todo el pueblo del 4×4, que increíblemente me llevaría más de 24 horas, ya que el conductor estaba desaparecido, seguramente celebrando el carnaval a lo grande.

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¡¡ Hasta Pronto !!

Carlos, desde Paraná, Argentina, 11 de marzo de 2004.

Vagamundos 2004. Bolivia. Uyuni y Salar