Uno de los cientos de murales de Simón Bolivar en Caracas

Uno de los cientos de murales de Simón Bolivar en Caracas

Caracas y el Àvila, Tierra y Cielo

Aterricé en Maiquetía, el aeropuerto de Caracas, con una hora de adelanto en mi vuelo de Air Europa, pero no sirvió de mucho, porque después de 20 minutos de espera dentro del avión con la gente cada vez más nerviosa, el comandante nos avisó de que el inconveniente de llegar antes de la hora era que no teníamos asignado finger y que los autobuses que había solicitado no habían llegado.

Finalmente descendimos, y el aire húmedo me despojó bruscamente del frío que mi cuerpo había acumulado en enero en Madrid, que todavía conservaba restos de la «nevada del siglo» cuando embarqué hacia Caracas.

Piñatas a la venta, una tradición que se conserva

Piñatas a la venta, una tradición que se conserva

Las colas en inmigración eran bastante largas, pero como casi todo el mundo era venezolano, iban bastante rápido. Una vez cubierto el trámite, me aposenté delante del carrusel de equipajes, que más bien parecía una plataforma de lanzamiento, porque las enormes y pesadas maletas con las que viajan casi todos los venezolanos salían despedidas cual platillos de tiro al plato, y si te despistabas, mientras recogías la tuya una te podía impactar con riesgo de tu vida.

Unos amigos habían venido a recogerme al aeropuerto, y nada más subir al enorme 4×4 con las lunas tintadas y seguros de puerta que se bloquean en cuanto entras en el vehículo, recordé que ahora mismo Caracas ostenta el triste record de ser la ciudad más peligrosa del mundo, según publicó en 2008 la revista Foreign Policy.

Artista callejera

Artista callejera

Por suerte yo me moví, en mis cinco días de estancia en Caracas, con amigos caraqueños, que se ocuparon y preocuparon de que no me pasara nada, y con ello estropeara mi impecable estadística de que en 9 años de vagamundos, con 450.000 km a mi espalda por 60 paìses, no me han robado nunca.

Pero no penseis que me tuvieron en una urna de cristal blindada, algo que no aceptaría, y me moví por la ciudad en autobús y metro, muy baratos, pero con el inconveniente, en el caso del metro, de que no llega a muchas zonas de la capital, y en el caso de los autobuses, de que a los atascos permanentes en Caracas hay que añadir la contínua subida y bajada de viajeros.

Fachada museo Bolivar

Fachada museo Bolivar

Visité el centro histórico de la ciudad, construído alrededor de la catedral y la plaza Bolivar, con edificios de gran valor arquitectónico, como el concejo, y la casa natal y museo Bolivar.

En el patio interior del Concejo de la ciudad, con una fuente en el centro que se llama de los leones y que recuerda vagamente a la de la Alhambra de Granada, hay mapas y fotos antiguas de la ciudad, además de una coqueta capilla, sinuosas escaleras de caracol en madera y unos hermosos vitrales.

Patio interior casa Bolivar

Patio interior casa Bolivar

El edificio fue sede de la primera universidad Real y Pontificia de Caracas, y en 1811 se reunió allí la asamblea constituyente que declaró la independencia de Venezuela.

Todos los museos que he visitado en Caracas son gratis, y a pesar de ello estaban casi vacíos, la excepción fue el  centro de arte la Estancia de Caracas, en una antigua quinta colonial, que ahora ofrece exposiciones y conciertos, además de poseer jardines y fuentes de estilo árabe que lo convierten en un oasis de tranquilidad en la vorágine de Caracas.

Salón principal casa natal Bolivar

Salón principal casa natal Bolivar

Tuve la enorme suerte de descubir que una hora después de mi llegada al centro comenzaba un concierto de la Schola Cantorum de Caracas, una coral con más de 40 años de historia y de proyección internacional, así que me quedé a disfrutar de una curiosa mezcla de música religiosa, de autores tan dispares como Bach y cánticos incas y africanos.

En el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, antes llamado Sofía Imber, pero que perdió su nombre por razones políticas, ya que era antichavista, vi una preciosa exposición de fotografía de indígenas del fotógrafo Antonio Briceño, llamada Los dioses de América.

Catedral de Caracas

Catedral de Caracas

Los museos de Bellas Artes y Ciencias Naturales están casi puerta con puerta y ambos albergan buenas colecciones en sus especialidades.

Para que mi visita no fuera sólo cultural, me acerqué a un mercadillo donde comprobé que la falsificación de productos es un fenómeno universal, ya que vendían ropa con la etiqueta Zara, y todas las series de televisión y películas a precios de risa en DVDs quemados.

Existen dos tipos de cambio, el oficial, ya que hay control cambiario desde 2003, y el real, que incluso se publica en páginas web, y que es 2,5 veces el oficial, unos 7,5 bolivares por euro en enero 2009.

Si no fuera porque es factible cambiar en el mercado negro, Venezuela sería el país más caro de Latinoamérica, y más caro que España.

Fuente en la plaza Bolivar

Fuente en la plaza Bolivar

Lo que no sólo es mucho más barato que en España, sino ridículamente barato, es el precio de la gasolina, ya que llenar un depósito viene a costar un euro, más o menos lo que un litro en España, e increíblemente lo mismo que me costó una botella de agua en el centro de la ciudad.

Me atrevo a decir que ni siquiera en los países petroleros árabes la gasolina es tan barata, y sin duda es una fuente de graves problemas y desequilibrios en el país, ya que el derroche de gasolina se ve por todas partes, y en mis primeras semanas en el país no he visto ni un sólo panel solar o molino de viento, como si el petróleo no se fuera a acabar nunca, y la contaminación que causa no supusiera un problema de gran alcance.

El museo de Bellas Artes

El museo de Bellas Artes

Estoy seguro de que el héroe de Venezuela, el libertador Simon Bolivar, que le da nombre a la mitad de las plazas, calles, instituciones, proyectos, etcétera, del país, se moriría del susto, si resucitara, al ver que su país, o al menos su gobierno, se ha convertido en el adalid del «socialismo del S. XXI» con el nombre de «república bolivariana socialista».

La visita a la casa natal de Simón Bolivar, y al museo dedicado a su persona, que está a pocos pasos, da una idea clara del grado de fervor que provoca entre los venezolanos, ya que me obligaron a quitarme la gorra, y la gente que los visitaba, hablaba casi en susurros como si de la visita a un templo se tratara.

La casa conserva gran parte de los muebles y decoración tradicional, a la que le han añadido objetos como la pila bautismal en la que bautizaron a Simón Bolivar en la Catedral, y grandes cuadros con sus gestas militares.

Hay varios patios interiores al estilo de las antiguas casas españolas y coloniales, unos para la vida de los señores y otros para las labores de los criados y esclavos.

Estatua en la plaza Bolivar

Estatua en la plaza Bolivar

rUna visita a Caracas nunca sería completa sin subir al Ávila, la hermosa cadena de montañas que separa Caracas del mar Caribe por el norte, y que es un climatizador natural de la ciudad, que raramente supera los 30 grados de temperatura, e incluso de noche refresca.

Hay muchas maneras de subir al Ávila, andando desde la ciudad, en el teleférico que sube hasta el hotel Humboldt, o por carretera, la mayoría de ellas sólo aptas para coches todocamino, ya que las rampas son muy fuertes y los coches normales, e incluso un jeep viejo, se quedan en el camino.

 

Patio interior del concejo de Caracas

Patio interior del concejo de Caracas

Yo hice la marcha del Picacho, cerca de Galipán, dentro del Parque Nacional Waraira Repano (nombre indígena del Ávila), más o menos dos horas de caminata ida y vuelta desde el estacionamiento.

El camino tiene rampas bastante fuertes en su primera parte y transcurre por una zona boscosa con pocas vistas, pero al cabo de media hora el paisaje se abre ante tus ojos, y la magnificencia del Caribe y las montañas descendiendo hacia la Güaira te deja anonadado.

Jardines centro de arte la Estancia

Jardines centro de arte la Estancia

Las nubes se prenden muchas veces en las laderas del Ávila, por lo que puedes llevarte la sorpresa de no ver nada cuando llegas al Picacho, pero vale la pena tomar el riesgo, y esperar porque igual de rápido que se nubla se puede despejar.

El aeropuerto de Maiquetía, oficialmente el aeropuerto internacional Simón Bolivar, queda también en la Güaira, y ves asomar el morro a los aviones cuando despegan entre las nubes.

Panorámica del Ávila desde la Hacienda Vieja.

Panorámica del Ávila desde la Hacienda Vieja.

La mejor recompensa al esfuerzo para llegar al Picacho fue la cena en una antigua hacienda de café, con casi 300 años de historia, que ahora han reconvertido en restaurante y hospedaje de calidad, con unas vistas extraordinarias.

En la cima del Picacho

En la cima del Picacho

Nos recibió uno de los socios, que nos contó la historia de la hacienda, y el proceso por el que 14 familias se habían unido en cooperativa para crear La Hacienda Vieja.

Planta en el Picacho

Planta en el Picacho

De regreso a Caracas, ya de noche, el espectáculo de la ciudad iluminada por millones de luces deja en sombra a cualquier show luminotécnico que uno pueda imaginar.

Mi paso por Caracas, donde fui agasajado y casi abrumado por la gran hospitalidad de los venezolanos, me dejó con un dulce sabor de boca que sin duda alguna se completará con la visita a una de las maravillas del país, Canaima y Salto del Ángel.

Haz clic para ver las fotos de  Caracas Centro,  Museos, y  Ávila, o dale al play en la presentación de abajo.

Vista nocturna de Caracas desde el Ávila

Vista nocturna de Caracas desde el Ávila

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¡¡ Hasta Pronto !!

Carlos

Desde Carúpano, Venezuela, 27 de enero de 2009

 

Panoramicas de Caracas desde el Ávila.