4 horas antes estaba granizando.

La peregrinación por la Ruta Marítima es quizás la menos conocida de todos los Caminos de Santiago, aunque en los últimos años ha crecido en popularidad, con peregrinos ilustres como el Príncipe Felipe (a lo mejor le fue a pedir novia al Apóstol).

Conmemora el recorrido que, según la tradición, hicieron en el S.I los discípulos de Santiago con su cuerpo decapitado, que arrivaron a Galicia en un barco desde Jaffa, en Palestina, recorrieron la ría de Arousa y remontaron los ríos Ulla y Sar, para desembarcar en Padrón, entonces puerto fluvial de la ciudad romana Iria Flavia.


La barca y el patrón, Antonio Pesado

El Codex Calixtinus o Liber Sancti Iacobi, escrito en 1139 por un clérigo francés narra con todo detalle la “translatio” o traslación del cuerpo del apóstol de regreso a las tierras donde había predicado el Evangelio.

Desde Padrón su cuerpo fue trasladado en un carro tirado por toros hasta el bosque de Libredón, donde fue enterrado. Su tumba cayó en el olvido hasta el S.IX, cuando un monje llamado Paio y el obispo de Iria, Teodomiro, encontraron el sepulcro, e invocaron a Alfonso II el Casto, que recorrió el ahora llamado Camino Primitivo para certificar que los restos eran efectivamente los de Santiago. En el bosque de Libredón se fundó la primera basilica en torno a la que nació la ciudad de Santiago de Compostela.


Uno de los faros de la Ría de Arousa

Como ha sido tradición en todos los Caminos previamente hechos, y ya iban 6, el primer día el tiempo fue inclemente, y la llegada a Riveira fue entre fuertes aguaceros.

El pronóstico para el día siguiente, en el que teníamos que navegar 40 millas marítimas, era incluso peor, con mar en mal estado y más lluvias, de hecho a las 4h30 am estaba cayendo una granizada tremenda, pero milagrosamente a las 8 am lucía un sol esplendoroso en el horizonte.


Un cormorán vigilante

Como en estas fechas la ruta Marítima no la hace nadie, conseguí una lancha gracias a los buenos oficios de Rafael, el presidente de la asociación Ruta Marítima del Apóstol, patroneada por Antonio Pesado, familia de varias generaciones de pescadores expertos en lamprea y otras artes, conocidos como “Os Valeiros” en la ría, expertos en todos los canales de entrada y bajíos de la zona, algo muy importante porque los bancales de arena tienen “vida propia” y en cuestión de días se desplazan. Varios faros en islas y puntos costeros de la ría como Sálvora, O Grove, isla de Arousa y Cortegada ayudan a la navegación.

Nuestra lancha tenía la ventaja de poder navegar con muy poca agua, pero el inconveniente de no disponer de ningún lugar para guarecerse en caso de mala mar o lluvia; al subir a la lancha crucé los dedos para que al menos las cámaras digitales no se mojaran y pudiera hacer fotos.


Las bateas de mejillones, fuente de vida en Arousa

La salida de Ribeira hacia Corrubedo nos dio una indicación de lo picado que estaba el mar hacia mar abierto, menos mal que la isla de Sálvora protege la ría y en cuanto viramos hacia el interior el mar se calmó y pudimos disfrutar de un ecosistema único en el mundo, que por suerte y por la tenaz labor de los marineros, no sufrió la tragedia del Prestige, ya que salieron dispuestos a recogerlo con sus manos si era necesario.


3 cruceiros del via crucis

A lo largo de la recortada costa se suceden los pueblos pesqueros, playas, cabos, ensenadas, y la ruta Marítima nos permite ver más fauna que en el resto de rutas juntas, ya que son frecuentes los ánades reales, los cormoranes moñudos, las garzas y garcetas, y varios tipos de gaviotas, sin contar lo que no se ve, la enorme riqueza en pescados y mariscos de sus aguas y fondos. La isla de Arousa, unida al continente por un puente desde hace pocos años ha perdido gran parte del encanto que tenía antes de que la invadieran los coches.


Las Torres del Oeste

La navegación entre cientos de bateas de mejillones es laberíntica, y nos acercamos también a los criaderos de almejas, perfectamente delimitados por estacas, donde en marea baja rastrillan l@s mariscador@s en busca de su valioso producto. La isla de Cortegada, ahora parte del Parque Nacional de las Islas Cíes, también esta parcelada en sus playas. Al menos Cortegada se salvó del “asfaltado” que sufrieron las Islas Cíes.

A partir de Cortegada y Carril, población famosa por sus almejas, la ría se estrecha hacia la desembocadura del Ulla, y se puede ver el primero de los 17 cruceiros que jalonan la costa, en un via crucis impresionante; algunos de estos cruceiros cayeron al agua como consecuencia de la draga incontrolada de arena del río, fueron restacados por pescadores y ahora lucen en destinos distintos a los originales, incluso fincas privadas.


Barco Vikingo de Catoira

Seguimos remontando el río acompañados por bandadas de aves que despegan trabajosamente rozando el agua con la punta de sus alas en una imagen de gran belleza, y los cormoranes se sitúan sobre los postes y cruceiros como vigías a la búsqueda de un pez despistado que nade cerca de la superficie; las aguas transparentes facilitan su labor y se les ve bien alimentados, con las alas abiertas para secarse cuando sale algún tibio rayo de sol.


Un ave remontando el vuelo

Al llegar a Catoira nos encontramos con las ruinas de sus 2 torres defensivas, construidas en el S.IX para defender las poblaciones de los frecuentes ataques vikingos, rememorados en una célebre fiesta en la que se cumple el ritual de beber como vikingos, y que se escenifica con 2 drakkars similares a los originales. Las torres, llamadas del Oeste, fueron “llave y sello de Galicia”, según la “Historia Compostelana”, y allí se refugiaba el arzobispo Gelmírez, fundador de la primera flota de guerra contra los piratas almorávides.

El recorrido es de gran belleza, pero cuando te acercas a Pontecesures recibes un gran bofetón, ya que entre los ríos Sar y Ulla se encuentra la antiestética fábrica de Finsa, que afea enormemente la zona. Un poco más adelante se encuentra el puente romano del S.I, uno de los más largos de Galicia, aunque el asfalto de la carretera lo cubre ahora en gran parte. Cruzamos debajo de sus arcos y continuamos río arriba hasta que la represas creadas para la pesca de lamprea, que se remontan también a la época de los romanos, cierran el paso definitivamente.

 


Puente romano de Pontecesures

 

 


Confluencia del Sar y el Ulla

Viramos, y comenzamos a remontar el Sar, es casi pleamar y aunque no llega a medio metro el nivel de agua, subimos parmoniosamente hasta que un golpe en el casco nos indica que de ahí no pasamos, estamos a unos 100 metros del puente de Padrón y damos por terminada nuestra peregrinación marítima. El río Sar se canalizó hace unos años para evitar las periódicas inundaciones que sufría Padrón en invierno. Regresamos tras nuestra estela y desembarcamos en el pantalán fluvial de Pontecesures


El puente de Padrón desde el río Sar

Antes de continuar la parte a pie, los 26 kilómetros entre Pontecesures y Santiago, hicimos una parada en Cerámica Celta, especializada en temática jacobea, con figuras muy hermosas de la translatio, y el Pórtico de la Gloria en cerámica, situada en la Rúa do Ensanche 29. Vale la pena hacer una visita.

Ya menos artística pero no menos importante fue las paradas gastronómicas, una de ellas en un bar de una plaza donde está uno de los cruceiros que desaparecieron del río.


Cerámica conmemorando la translatio

La comida es en el bar Gómez, de gran tradición jacobea, incluso ponen cuadras a disposición de los peregrinos que van a caballo. Allí probamos los productos de la ría, tanto de mar, en forma de lubina, como de tierra, un vino albariño que puso difícil la caminata hasta Santiago, máxime cuando el cielo, que había amenazado lluvia todo el día, se abrió finalmente y nos regaló una buena mojada.

La última parte del Camino coincide con el Portugués, si quieres más información, haz click aquí.

La sorpresa vino cuando al llegar a la oficina del peregrino en Santiago y presentar nuestra credencial con todos los sellos, incluido el de la Capitanía Marítima de Ribeira, nos negaron la Compostela; ante mis preguntas sobre por qué no la daban, cuando es una ruta jacobea reconocida por la iglesia, lo que me consta por una carta del responsable de la Oficina del Peregrino, Don Jaime García, la persona que me atendió fue a consultar con Don Jaime, que no se dignó a salir de su despacho, y me dijo que “no se daba desde hacía un año”, que era una ruta “turística”.


Uno de los cruceiros que
“cambiaron” de ubicación

La ruta marítima conmemora la “traslatio” del apóstol, sin la cual no existiría el Camino de Santiago, y me parece una falta de respeto por parte de la Iglesia no conceder la Compóstela ahora sin dar una explicación plausible cuando ha habido cientos de peregrinos, algunos ilustres como el Príncipe Felipe que han hecho esta ruta y obtenido su Compostela.

Como diría Don Quijote, “Con la Iglesia hemos topado, Sancho”. El año 2004 es año Santo y me consta que muchos peregrinos van a hacer esta ruta, así que la Iglesia debería aclarar por qué no da la Compostela ahora.

Si quieres ver las fotos de la Ruta Marítima, haz click aquí.

¡¡ Ultreia !!

Carlos

Santiago, 9 de noviembre de 2003